Se supone que los datos serían la nueva mina de oro con la digitalización, pero al mismo tiempo son el blanco para la ciberdelincuencia, un negocio cada vez más lucrativo y devastador. Según las cifras de la consultora Gartner, el gasto en seguridad empresarial mundial alcanzó los 124,000 millones de dólares en 2019, un 8% más respecto a 2017. Así lo informa en una publicación reciente el sitio web de El País.

La cual, refiere que la firma de seguridad S21Sec ha logrado monitorear algunas bandas con ingresos de más de 50 millones de euros. “Es un negocio redondo, hay estudios sobre la rentabilidad de las organizaciones que hablan de retornos del 2,000%”, señala Jorge Hurtado, su vicepresidente de Servicios Gestionados. “Lo que hace 15 años era una persona en un garaje, hoy son equipos de cientos de personas con herramientas propias y un montón de recursos a su alcance”. En Internet se anuncian sin impunidad supuestas “empresas” que ofrecen servicios completamente ilegales. “Muchos clientes nos preguntan si es posible hackear un teléfono, un whatsapp, una red social… a lo que respondemos siempre que sí, todo sistema es vulnerable y con los conocimientos y herramientas adecuados puede ser hackeado”, anuncian en una de ellas.

Lorenzo Martínez, fundador de Securizame y perito judicial en delitos informáticos, ha visto solicitudes de rescate de datos provocadas por ransomware en algunas PyME de 3,000, 10,000 y hasta 12,000 euros (en empresas mayores pueden pasar de los 100,000). También ha visto cómo muchos negocios medianos y pequeños se ven desarmados (sin acceso a todos sus sistemas) y acceden al chantaje de los criminales cuando se dan cuenta de que están en un callejón sin salida. Algunos incluso después de aguantar un mes buscando alternativas. “También se dan estafas como el llamado timo al CEO, de cientos de miles de euros”. Esto último es más sofisticado. Imagine a un directivo que tiene que pagar una factura a un proveedor habitual y recibe un correo electrónico —­aparentemente— de ese proveedor que le pide que esta vez haga el ingreso en otra cuenta bancaria. Lo solicita en un correo electrónico cordial utilizando un lenguaje adecuado y dirigiéndose a él por su nombre y apellidos. El ejecutivo confía, cambia el destino del dinero… y lo pierde. Por vergüenza, muchas veces estas torpezas se ocultan y no se denuncian. Grave error. Fernando Anaya, director para España de Proofpoint, avisa que el 93% de los ataques utilizan el correo electrónico como puerta de entrada, “de ahí la importancia de concienciar a los empleados”.

La ciberdelincuencia ataca a todos los sectores y está en todos los niveles, aunque algunos negocios son más vulnerables que otros. La banca, por descontado, es el número uno, y también la que más invierte en protección. La Reserva Federal americana (Fed) lo puso de manifiesto, el ataque a uno de los mayores bancos de Estados Unidos podría afectar al 38% del sistema financiero de ese país, según sus cálculos. El personal de la Fed hizo el ejercicio de qué pasaría si una gran entidad fuese bloqueada y no pudiese realizar pagos y cobros durante solo un día: el contagio sería inmediato, el resto de las entidades intentarían apalancar su liquidez y 4 de cada 10 dólares del sistema quedarían bloqueados.

Es el mal de este tiempo: sociedades más digitalizadas y a la vez más vulnerables ante el ciberdelito. Quizá por ello las encuestas muestran un derroche de voluntad. Un estudio realizado por Willis Towers Watson y ESI ThoughtLab, cita que organizaciones de todo el mundo quieren aumentar sus inversiones en ciberseguridad un 34% durante el próximo año, y cerca del 12% lo harán en más de un 50%. Pero quien crea que el dinero arregla el problema se equivoca. Sin soluciones integrales en todos los niveles del negocio la respuesta fallará, según los expertos.

Para Jesús Romero, socio de consultoría en ciberseguridad de PWC, “el riesgo tecnológico cada vez tiene más peso y hay un punto clave: además de prepararse para proteger sus activos, ahora la empresa tiene que estar preparada para responder. Es importante que sea resiliente a un ataque, que sepa actuar y remediarlo cuanto antes, porque el tiempo es fundamental”. Como otros consultados, insiste en que la seguridad absoluta “no existe”. “Cada compañía debe saber el riesgo residual con el que puede convivir para garantizar la continuidad de las operaciones, la protección de su marca y la información de sus clientes”.

Fuente https://elpais.com/economia/2020/02/14/actualidad/1581694252_444804.html